Sesgos cognitivos que afectan a la toma de decisiones

Descubre cómo afectan los sesgos cognitivos en la toma de decisiones como primer paso para mitigar su impacto.

Todos tomamos decisiones todos los días, sencillas y complejas, desde qué desayunar hasta qué carrera elegir. Y, seamos conscientes de ello o no, estas decisiones son siempre susceptibles de nuestros sesgos cognitivos.

El primer paso para poder mitigar su efecto es conocer cuáles son estos sesgos, para así poder identificarlos cuando aparecen y tomar medidas. En este artículo explicamos cómo hacerlo.

¿Qué son los sesgos cognitivos?

Los sesgos cognitivos son distorsiones en la percepción de información. Son patrones predecibles e irracionales que utilizamos de forma inconsciente a la hora de interpretar datos, formular juicios y tomar decisiones.

Son parte de nuestra psicología y nuestra arquitectura cognitiva. A veces surgen porque tendemos a simplificar la información para ahorrar esfuerzo mental; otras veces, surgen porque somos más receptivos cuando un dato confirma nuestras creencias y prejuicios existentes que cuando va en su contra.

En ciertos contextos, son útiles. Si tuviéramos que considerar todas las variables y todos nuestros posibles sesgos para cada decisión, no podríamos tener una vida normal. Sin embargo, pueden llevarnos a equívoco. Esto es especialmente problemático en contextos empresariales, políticos, científicos o médicos, donde la responsabilidad exige tomar decisiones con objetividad y precisión.

Los sesgos cognitivos más comunes en la toma de decisiones

Os presentamos algunos de los sesgos cognitivos que pueden afectar nuestra toma de decisiones.

Algunos tipos de sesgos cognitivos: enfoque limitado, sesgo de confirmación, emociones a corto plazo, exceso de confianza...

1. Enfoque limitado

Este sesgo cognitivo centra nuestra atención en un conjunto limitado de información o perspectivas, y no nos permite considerar todas las posibles opciones y consecuencias.

Normalmente nos hace caer en binarismos: «¿me compro un coche o no?» (A o B). Es una dicotomía falsa. Puede que la verdadera necesidad que debamos considerar detrás de esa pregunta sea: «¿en qué podría invertir ahora para mejorar mi calidad de vida?»

Ante estos binarismos, el consejo más habitual es hacer una lista de pros y contras, pero éstas no resuelven el problema. Al redactar la lista nos limitamos a usar a la información que ya tenemos, y por tanto estará sesgada. Nos encontraremos en un mismo punto muerto: elegir entre A o B, sin darnos cuenta de que puede haber otras alternativas.

A Marcos le encanta el diseño de un coche en particular y ha decidido comprarlo. Se ha enfocado tanto en el diseño, que ha pasado por alto otros factores importantes como el consumo de combustible, el costo del seguro, la fiabilidad del coche, y el costo de mantenimiento. Es decir, su enfoque se ha limitado al diseño del coche, evitando ver otros factores que también pueden influir a la hora de comprar uno.

Efecto de anclaje

Es un sesgo cognitivo que puede relacionarse con el enfoque limitado y el sesgo de confirmación (a continuación). Se refiere a la tendencia a confiar demasiado en la primera pieza de información que se nos presenta (el «ancla») al tomar decisiones.

Puede tener un impacto significativo tanto en la toma de decisiones como en las negociaciones. Por ejemplo, si estamos negociando el precio de un coche y el vendedor establece el primer precio, ese número se convierte en el «ancla». Aunque la negociación continúe a partir de ahí, ese primer número a menudo tiene un peso desproporcionado en la mente del comprador y puede influir en la cantidad final que está dispuesto a pagar.

Puede afectar a cualquier tipo de decisión en la que se utilice un valor inicial como referencia. Pero, si conocemos este sesgo, podemos esforzarnos más por considerar toda la información relevante y no solo la información que se nos presentó inicialmente.

2. Sesgo de confirmación

Es la tendencia humana a buscar, interpretar, favorecer y recordar información de manera que confirme las creencias o hipótesis preexistentes, dando menos relevancia a las opciones y la evidencia que podrían contradecirlas.

Por ejemplo, si hago una lista de pros y contras para elegir al proveedor favorito, inconscientemente mi cerebro va a inclinar la balanza hacia el equipo con el que mejor me llevo o con el que más intereses en común tengo. Y esto no es necesariamente bueno, puede que en lo laboral no encajemos con ese equipo. 

Supongamos que en lugar de redactar nuestra lista de pros y contras, decidimos investigar para sentirnos más seguros de la decisión. Aunque puede parecer que así nos libramos del enfoque limitado, no es del todo cierto. Según los estudios, las personas que investigan, tienden a seleccionar la información que apoya sus actitudes, opinión, creencias y acciones. O dicho de otro modo, a veces puede parecer que buscamos la verdad cuando en realidad estamos buscando validación. 

Por ejemplo, Silvia cree que su marca de smartphones preferida es la mejor del mercado. Siempre que lee reseñas, tiende a dar más peso a las opiniones que alaban a esta marca y minimiza las que mencionan aspectos negativos.

3. Emociones a corto plazo

Las emociones que se producen al toparnos con una decisión también son un sesgo cognitivo. Es natural sentir diferentes emociones: miedo a equivocarnos, tristeza al pensar en aquello que perderemos… Si no las gestionamos, pueden llevarnos de un extremo a otro: desde la parálisis hasta la urgencia de elegir cualquier opción. Y, una vez hayamos decidido, nos harán plantearnos una y otra vez si hemos elegido bien.

Para empezar, podemos buscar de dónde vienen esas emociones. Los acontecimientos y lo que una persona ha sentido antes de que se le plantee una decisión son condicionantes, también cuando esas emociones no tienen nada que ver con la decisión en sí. Veamos un ejemplo:

Imagina que tu mañana empieza con una discusión acalorada con un amigo sobre política. Luego, pasas un rato lidiando con facturas. En el coche, escuchas en la radio noticias sobre la inestabilidad económica. Cuando llegas al trabajo, tu jefe te ofrece liderar un nuevo proyecto. Es una oportunidad emocionante, pero también arriesgada. Dadas las preocupaciones y tensiones de tu mañana, podrías sentirte más cauteloso y reacio a asumir el riesgo.

Ahora, imagina una mañana diferente: empiezas el día con una agradable charla con un amigo sobre tus pasatiempos favoritos. Pasas un rato planeando unas vacaciones divertidas. En el coche, escuchas en la radio una historia inspiradora sobre un empresario exitoso. Cuando llegas al trabajo y tu jefe te ofrece la misma oportunidad para liderar un nuevo proyecto, podrías sentirte más optimista y dispuesto a tomar el riesgo.

Efecto de aversión a la pérdida

Es un sesgo cognitivo que puede llevarnos a decidir de forma irracional o contraproducente para evitar equivocarnos. Es como jugar una partida de ajedrez completamente a la defensiva, evitando sacrificar piezas por encima de ganar.

Este sesgo cognitivo se debe a que el dolor de perder algo suele ser mayor que la satisfacción de obtener algo de igual valor. Puede ser particularmente fuerte cuando las personas se enfrentan a decisiones de gran incertidumbre o alto riesgo. Sin embargo, es importante recordar que las pérdidas y ganancias son parte inevitable de muchas decisiones. Sólo ser conscientes de este sesgo puede ayudar a combatirlo.

4. Exceso de confianza

Es un sesgo cognitivo por el que una persona tiende a sobreestimar sus habilidades o conocimientos en relación con la realidad. Y viene dado casi de forma natural por todos los anteriores.

Cuando tenemos el foco puesto en algo en concreto y solo seleccionamos la información que nos interesa, nos da la falsa seguridad de que estamos en lo cierto al cien por cien. Sin embargo, siempre puede haber margen de error. Esto nos puede llevar a tomar una decisión habiendo caído en todos los sesgos anteriores y, además, estando muy seguros de que es la decisión correcta.

Efecto Dunning-Kruger

Está estrechamente relacionado con el sesgo de exceso de confianza. Ambos implican una percepción inexacta de las propias habilidades o conocimientos y ambos tienen consecuencias similares.

El efecto Dunning-Kruger fue identificado por los psicólogos sociales David Dunning y Justin Kruger. Describe la tendencia de las personas a sobreestimar sus propias habilidades o conocimientos, especialmente cuando tienen un conocimiento o experiencia limitados en un área particular.

Puede llevar al exceso de confianza y puede dificultar el aprendizaje y el crecimiento personal: las personas que se sobreestiman son menos propensas a buscar nuevas experiencias o a aprender de sus errores.

Tu cuñado ha visto un par de videos de bricolaje en YouTube y se ha decidido a remodelar su cocina sin la ayuda de un profesional. A pesar de tus advertencias, ha empezado con el proyecto. Sin embargo, a medida que avanza en el proyecto, se da cuenta de que es mucho más complejo de lo que inicialmente pensaba. 

¿Cómo mitigar los sesgos cognitivos?

Aunque estos sesgos cognitivos pueden ser difíciles de superar, hay varias estrategias que se pueden usar para mitigar su impacto. Por ejemplo, usar un proceso estructurado de toma de decisiones, como el modelo WRAP (Widen your options, Reality-test your assumptions, Attain distance before deciding, Prepare to be wrong).


Ser consciente de los sesgos cognitivos y cómo pueden influir es el primer paso para tomar decisiones más informadas y objetivas. Así que la próxima vez que os enfrentéis a una decisión importante, tomaos un momento para reflexionar sobre cómo todos estos sesgos podrían estar afectando.

En próximos artículos exploraremos las diferentes estrategias que pueden ayudarnos a mitigarlos, centrándonos en el modelo WRAP de Chip y Dan Heath.

Un comentario en “Sesgos cognitivos que afectan a la toma de decisiones”

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